Fuente: Real Madrid
Los de Scariolo vencieron a Valencia Basket en un partido muy completo en todas sus filas pero perdió a Garuba, único pívot disponible antes de empezar el torneo
El
Real Madrid alcanzó ayer su cuarta final de
Euroliga en cinco años, pero no a cualquier precio. A las lesiones previas de Tavares y Len, se suma la de
Garuba, que se retiró de la pista doliéndose ostensiblemente del tendón de Aquiles.
Valencia, ante su bestia negra
La segunda semifinal de la Euroliga deparaba un destino muy diferente a la primera. El partido entre Olympiacos y Fenerbahce no tuvo color; los griegos fueron claros dominadores de todo el encuentro gracias a un Alec Peters muy enchufado. Por contra, el encuentro entre los dos equipos españoles se preveía más igualado, tal y cómo se ha visto en los duelos entre ambos de la fase regular y de Liga Endesa.
El Real Madrid empezó el partido con un acierto descomunal desde más allá de la línea de tres y con un Okeke siendo fundamental en las ayudas debajo del aro a Garuba, único pívot natural disponible. El primer cuarto acabó con la victoria parcial de Valencia Basket (28-26), algo muy distinto de lo que pasó en el segundo asalto. Los blancos anotaron siete triples que minaron la moral de un conjunto valenciano que fue incapaz de frenar la sangría.
Al descanso, la suma de puntos fue de 118, superando los 110 que anotaron Real Madrid y Olympiacos en la final de 2013. Pero más allá del dato, el conjunto blanco demostró que estaba inspirado de cara a canasta (56-62). En la segunda mitad, los de Scariolo no estuvieron tan atinados desde el perímetro, pero un gran Hezonja y un enérgico Andrés Feliz supieron hacer daño a los "taronjas" en la pintura para conservar la ventaja antes de los últimos 10 minutos (73-86).
El último cuarto se presentaba tranquilo para un
Real Madrid que se mostró muy sólido en defensa a pesar de la baja de
Tavares. Sin embargo, todo iba a cambiar con la lesión de
Garuba. El conjunto blanco tuvo que reponerse del golpe -moral y deportivo- para aguantar más de siete minutos con
Lyles como "5" improvisado. Valencia Basket llegó a inquietar a los merengues, pero no estuvo muy atinado ofensivamente y no supo aprovechar la gran flaqueza del rival, llegando al término del encuentro con un
105 - 90.
El MVP del encuentro fue el de siempre. Mario Hezonja volvió a ser el azote de Valencia Basket y por consiguiente, volvió a demostrar que es uno de los jugadores más completos de Europa.
Olympiacos, un hueso
El
Real Madrid ha alcanzado su cuarta final en los últimos cinco años. Un síntoma de que el club lo está bordando en la sección de baloncesto, aunque hubo dudas en el inicio de la temporada. Las dificultades del equipo para ganar fuera de casa junto con la derrotas en la
Supercopa de España y en la
Copa del Rey generaron unas críticas que
Scariolo neutralizó con el ya mítico "hablaremos en abril y en mayo".
Y razón tenía. El equipo ha dado un pasito adelante en cuanto a competitividad, se ha consolidado como el líder inexpugnable en el campeonato doméstico y el domingo buscará su duodécima Euroliga. Eso si, tal y como dijo Scariolo, tendrán que inventarse algo para hacer un imposible: intentar que no se noten las ausencias de Tavares, Garuba y Len.
El Real Madrid tendrá enfrente a un auténtico hueso. Olympiacos barrió de la pista a un Fenerbahce que no tuvo ninguna opción de meterse en la final. Alec Peters opositó al MVP de la Final Four gracias a sus 17 puntos, con Vezenkov y Dorsey como teloneros, con 16 y 15 unidades respectivamente.
El domingo nos espera una final trepidante en la que Olympiacos parte como favorito tanto por sensaciones como por el estado físico de todo el equipo. Pero ojo, porque en los antecedentes de esta temporada vemos una victoria para cada uno. En la fase regular, Real Madrid se impuso en el Movistar Arena y los griegos se llevaron el encuentro que se disputó en El Pireo.
Lo del domingo (20:00 horas) es un terreno desconocido, pero se asemeja mucho a la casa de Olympiacos a pesar de que se juega en la cancha de su máximo rival. En el partido ante Fenerbahce, el OAKA se transformó en una especie de Pireo que hizo sentir a los de Bartzokas como en casa.
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